sábado, 20 de abril de 2024

Resistirse a la Unificación: un griego en Arabia

[...] Cuando el esfuerzo constante por lograr la perfección espiritual y la doctrina ascética han llevado al hombre hasta un cierto grado, se le aparecen fugitivos y gratos destellos de la luz de la Verdad, semejantes a relámpagos, que de pronto alumbran y velozmente se extinguen[...]
Avicena, kitab al-isharat wa’l-tanbihat 

"Alguna vez dije, quizá con razón: la cultura primigenia se convertirá en un monton de ruinas y al final quedarán sólo cenizas, pero sobre estas cenizas flotarán espíritus"
Ludwig Wittgenstein, Aforismos[ 23]


A finales de abril, la orquesta MusicAeterna ofrecerá dos conciertos en la Ópera de Dubai en la que será su primera gira en los EAU.
Con motivo de ello, el Khaleej Times,  en una amplia entrevista de la que reproduzco un resumen, preguntó a  Teodor Currentzis sobre la elección del programa, su carrera como director, su visión de la excelencia y lo que significa para él la perfección.

¿Por qué eligió obras de Wagner y Chaikovski para sus conciertos en Dubai?
Wagner, en mi opinión, es el compositor más importante del siglo XIX, un reformador del arte de la orquestación y el fundador de la práctica de la dirección de orquesta en su forma moderna. Es el hombre que cambió nuestras ideas sobre el arte al formular los principios de la Gesamtkunstwerk, la síntesis de todas las artes, que sigue siendo una innovación, una tendencia atemporal en la música. Naturalmente, la música que escribió puede parecer difícil de escuchar. En el programa que llevaremos a la Ópera de Dubai, presentaremos extractos de algunas de sus óperas más famosas pues forman una especie de sinopsis de la obra madura de Wagner y una especie de guía para una primera introducción a Wagner. 
 Chaikovski es nuestra alma, es en cierto modo una elección sentimental. Es una música emotiva, dramática, expresiva, muy personal, una de las cumbres del arte musical.

El lenguaje de la música es universal y, sin embargo, ¿espera alguna dificultad especial cuando actúa para un público de una cultura diferente? ¿Por ejemplo, esta vez en los EAU?

Eso es  una de las cosas que más me interesan: cuando se encuentran personas de diferentes países, con diferentes experiencias vitales y profesionales que han crecido en culturas y tradiciones distintas. Esa comunicación es muy enriquecedora, nos da la oportunidad de formar una nueva manera de pensar para el futuro desarrollo de la cultura y la sociedad. Y es el espacio de la música el que nos da la oportunidad de hablar el mismo idioma, por muy diferentes que seamos, porque no hay barreras lingüísticas en nuestra imaginación.
Además, para mí es muy importante ahora entablar un diálogo con la cultura oriental. Me encanta la música árabe y la cultura árabe en general. Y es importante revelar el valor y la riqueza de la cultura árabe al mundo, incluso a través de un diálogo entre la singular cultura local y la música académica .
¿Cuál ha sido la filosofía de MusicAeterna desde que se fundó el grupo en Novosibirsk en 2004?

MusicAeterna es única en el sentido de que no es sólo una orquesta sinfónica en el sentido habitual. Es una comunidad de especialistas poco comunes que un día se reunieron para embarcarse en una expedición a gran escala para explorar lo que son la música y los seres humanos. Somos personas que no miran el reloj mientras esperan a que termine la jornada laboral. No consideramos en absoluto que lo que hacemos sea trabajo. Es nuestra vida, nuestro ministerio, nuestra misión.
La orquesta musicAeterna se fundó hace 19 años. Reunimos a jóvenes músicos, muchos de los cuales acababan de graduarse en el conservatorio. Eran jóvenes entusiastas enamorados de la música. Vivíamos en Siberia, muy lejos de todas las capitales del mundo y del ajetreo de la capital. Podíamos concentrarnos realmente en lo importante. Pasábamos mucho tiempo juntos: escuchando nuestra música favorita, viendo películas de autor, leyendo poemas, ensayando, sin pensar en el tiempo ni en las comodidades cotidianas. De hecho, seguimos viviendo así, aunque ahora pasamos la mayor parte del tiempo en grandes salas de conciertos y en festivales. Pese a ello , seguimos siendo  monjes unidos por el mismo ADN, para servir a la música desde  nuestro asombro y conciencia. La consecuencia de todo esto es una energía muy poderosa, y un resultado muy especial. Esto es lo que distingue a musicAeterna de muchas otras orquestas, la mayoría de las cuales producen un programa tras otro. Lo que hacemos en musicAeterna es un trabajo artesanal, de joyería.

¿Qué le inspiró para dedicarse a la dirección?

La música sinfónica me inspiró para dedicarme a la dirección. Nos guste o no, la mejor música está escrita para la orquesta. Y el instrumento más rico y expresivo que existe es la orquesta. La sinergia que se produce entre los músicos de un conjunto es como la unión de todos los elementos de la naturaleza: la piel de los timbales, el pelo con el que se fabrican los arcos, la madera de nuestros instrumentos procede de la naturaleza viva, los metales son de la tierra, y luego está nuestro aliento, que es aire, y el agua, que es nuestro cuerpo. Al formar parte de una orquesta, uno entra en una relación especial con la naturaleza, se expresa en ella y dice así algo importante.

Usted nació en Atenas en 1972. A los 22 años se trasladó a San Petersburgo porque quería estudiar dirección sinfónica con Ilya Musin. ¿Cuál fue la lección más importante que le enseñó?

Ilya Musin fue un profesor excepcional. Creo que lo principal que me enseñó fue a experimentar esos momentos mágicos que nacen en la música. Esta magia no se puede enseñar, pero observando a una persona que la tiene, en algún momento puedes sentir ese poder en ti mismo. No me refiero a la gente que hace trucos de magia, por supuesto. Me refiero a la capacidad de influir en la gente, de inspirarla, de extasiarla o calmarla con sus actos. Es un gran poder y un Don poco común. Y Musin lo tenía.

¿Hasta qué punto hay un elemento griego en usted como artista?

Creo que es muy importante para mí mantener mi identidad. No se imagina lo feliz que me pongo cuando veo a la gente con sus trajes nacionales interpretando música tradicional. Es tan hermoso cuando la gente no sucumbe a la globalización y a la esclavitud de la identidad, cuando conserva sus tradiciones, su esencia. También atesoro los descubrimientos que ha hecho la cultura griega: la literatura, el teatro, la música y los deportes nacieron en Grecia. Pienso en griego. Grecia es para mí una forma y un método particular de interpretar las cosas a través del prisma de la lengua, la cultura, la poesía y la filosofía griegas.

¿Prefiere dirigir repertorio sinfónico u ópera?

Soy más un director de ópera, pero ahora dirijo menos óperas, así que no dirijo un teatro de ópera. Pero cada año pongo en escena nuevas producciones en el Festival de Salzburgo y en el Festival Diaghilev. Pero no me interesa tanto el número de producciones ,sino la experiencia trascendental que me proporcionan, junto con el público. En general, me interesan aquellos ámbitos en los que hay inspiración, y la inspiración es siempre la oportunidad de crear algo nuevo.
Estoy muy ilusionado con nuestra próxima actuación en Dubai. Los Emiratos han aceptado el reto y han hecho realidad las ideas más ambiciosas, convirtiéndose en uno de los países más prósperos y exitosos del mundo. Esto me resulta muy cercano: hacer realidad lo imposible. Por lo tanto, mi gran deseo sería desarrollar la cooperación con músicos de talento de este país con un patrimonio único y rico para apoyar la idea de crear un centro cultural global en los EAU, que una la cultura local con la cultura académica europea.

Usted dijo una vez: "No tiene sentido interpretar algo que se ha interpretado mil veces antes que tú, a menos que lo hagas de forma diferente". ¿Cómo se las arregla para interpretar partituras sinfónicas muy conocidas de una forma nueva cada vez?

Tengo mucha suerte, porque hay muy pocas grabaciones o interpretaciones de referencia. Porque hacerlo de la manera correcta -encontrar el sonido que el compositor buscaba en su imaginación- es terriblemente difícil. Toda la vida intentamos acercarnos a ese sonido perfecto, pero es casi imposible conseguirlo.

¿ Qué es para usted la perfección?

La perfección es algo con lo que sueño, en lo que creo, pero que sigue siendo inalcanzable. Por mucho que nos esforcemos por alcanzarla, por mucho que nos acerquemos, siempre estamos a un paso de ella. Pero este sueño inalcanzable es precisamente lo que nos motiva a seguir por este camino.

¿Cómo transmite a los músicos durante el ensayo su intención a la hora de interpretar una pieza?

Aparte de explicar nuestra estrategia, cómo tocaremos y cómo crearemos el sonido que queremos, intento encontrar la fuente del sentimiento que nos ayudará a expresar lo que se refleja en la música. No se puede explicar, sólo se puede sentir.

Leonard Bernstein dijo sobre el papel del director de orquesta: "Es una especie de trabajo de conservador cuidar de los grandes tesoros del pasado, y es muy importante mantener vivo el gran museo de la música para el futuro." ¿Cuál es, en su opinión, el papel principal de un director de orquesta?

Un director de orquesta es alguien que reúne a la gente a su alrededor, acumula su energía y le da una forma determinada. La cuestión es que la música que se escribe en papel es muda. Sólo se convierte en música cuando se interpreta. Pero, ¿cómo inducir a un gran número de personas, músicos, cada uno de los cuales es una personalidad separada, a convertirse en un solo organismo y reproducir exactamente lo que el compositor escuchó en su imaginación? Para eso está el director de orquesta, el mismísimo comisario del que hablaba Bernstein. Sólo que a mí me parece que el director de orquesta es algo más que un simple conservador. No se limita a decirle dónde colgar un cuadro, sino que lo pinta él mismo.

Usted está difuminando las fronteras entre géneros. ¿Qué siente por la música clásica árabe, el canto melismático y la coloratura?

Me gusta mucho la música árabe. Por cierto, la música griega es muy parecida a la árabe. En casa, cuando estoy solo, suelo escuchar música árabe, me calma y me tranquiliza. A menudo invito a intérpretes de música árabe a mi festival. Es muy interesante cuando en algunos proyectos se cruzan con músicos clásicos. Y vemos lo diferente que puede expresarse una misma idea. Y creo que cuanto más conserve la música árabe su identidad, cuanto más se resista a la unificación y conserve su antigua belleza, más inspirará a la gente.

En 2022, usted fundó Utopia, una orquesta que reúne a muchas culturas y nacionalidades diferentes. ¿Cuál es el ADN de Utopía y por qué eligió ese nombre?

Utopía es nuestra intención de soñar. En el pragmático mundo actual, todos los soñadores e idealistas se encuentran viviendo en Utopía. Cuando dije eso quería crear una orquesta en la que se reunieran los mejores músicos: concertinos y solistas de todo el mundo que no sólo fueran los mejores en su profesión, sino que también fueran apasionados de la música y estuvieran dispuestos a dedicar su tiempo a llegar a la esencia interior de un texto musical. Me han dicho que esto es una utopía. Pero esta primavera será la quinta vez que nos reunimos, y cada vez el listón que nos ponemos sube y sube. Una y otra vez, hacemos realidad lo irrealizable: una nueva Utopía. La utopía es lo imposible, eso es lo que nos atrae: hacer lo imposible. Los sueños más utópicos se hacen realidad una vez que dejamos de pensar que es imposible.


Let's be careful out there 


miércoles, 10 de abril de 2024

La elegante negación: saber decir no en el laberinto del pensamiento"


Aurea mediocritas" (La dorada medianía) 
Horacio
Lo importante en esta vida es creer en algo y no desviarse del camino.
Marcel Duchamp


La afirmación "pensar es decir no" deudora del pensamiento de Jacques Derridá invita a adentrarnos en el complejo laberinto de la mente humana donde la negación se erige como un pilar fundamental en la construcción del pensamiento. Debido a que solemos asociar el pensamiento con la generación de ideas, conceptos y juicios afirmativos, a primera vista esta afirmación puede parecer contraintuitiva . No obstante, al profundizar en su significado, descubrimos que la negación desempeña un papel crucial en el acto de pensar, permitiéndonos establecer límites, discernir entre opciones y definir nuestra identidad.
En un mundo donde la información y las posibilidades parecen infinitas, el acto de pensar se convierte en un ejercicio de selección y discernimiento constante. Cada vez que afirmamos algo, estamos simultáneamente negando otras opciones. Al decir "sí" a una idea, estamos implicitamente diciendo "no" a las ideas opuestas o alternativas. En este sentido, la negación se convierte en un mecanismo indispensable para dar forma y estructura a nuestros pensamientos, permitiéndonos distinguir entre lo verdadero y lo falso, lo relevante y lo irrelevante, lo deseable y lo indeseable.
La negación en el pensamiento no se limita únicamente a la selección entre opciones concretas, sino que también implica la confrontación con nuestras propias creencias, prejuicios y suposiciones. Al cuestionar lo establecido, al decir "no" a lo dado por sentado, abrimos la puerta a nuevas perspectivas, a la posibilidad de un pensamiento más profundo y crítico. La negación nos invita a explorar lo desconocido, a desafiar nuestros propios límites y a trascender las fronteras de lo familiar.
En la filosofía, la negación ha sido un tema recurrente a lo largo de la historia del pensamiento humano. Desde los sofistas griegos hasta los existencialistas del siglo XX, como Jaspers o Kierkegard, filósofos de todas las épocas han explorado el papel de la negación en la construcción del conocimiento y la comprensión del mundo. Para Sócrates, el saber consistía en reconocer la propia ignorancia, en decir "no" a la pretensión de poseer un conocimiento absoluto. Para Nietzsche, la negación era una herramienta para la transvaluación de los valores establecidos, para abrir camino a la creación de nuevos valores y significados.
En el ámbito de la ética, la negación se manifiesta en la capacidad de decir "no" a lo que consideramos moralmente incorrecto o inaceptable. La negación nos permite establecer límites éticos, definir nuestro sentido de la justicia y la responsabilidad, y tomar decisiones que reflejen nuestros valores más profundos. Decir "no" a la injusticia, a la opresión, a la violencia, es un acto de afirmación.
Tambien, como no podría ser de otro modo, en el sereno laberinto de la mente humana, se revela con delicadeza la profunda verdad de que pensar es, en esencia, decir no. Este principio sutil nos invita a adentrarnos en las brumas de la reflexión, donde la negación se erige como un hilo de oro entre los pensamientos entrelazados.
Así, en un mundo saturado de estridencias y superficialidades, la habilidad de discernir con refinada sensibilidad lo genuino de lo vulgar adquiere una relevancia extraordinaria. Saber decir no a la tosca materialidad bañada en chabacanería, emerge como un acto de distinción, de elegancia intelectual que nos eleva por encima de la mediocridad, nos acerca a las esencias más puras del pensamiento y nos distingue de la masa aborregada
Al rechazar con gracia lo burdo, al alejar lo insustancial, abrazamos con reverencia la intrincada complejidad  de la experiencia humana. En el arte de la negación, en la danza sutil de los opuestos, encontramos la clave para desentrañar los misterios de la existencia y descubrir la belleza oculta en las sombras del ser.
Decir "no" a lo basto se convierte así en una sinfonía de sutileza y refinamiento, en un gesto de rechazo  que nos conduce hacia las alturas del pensamiento elevado.
 En este acto de resistencia elegante, de afirmación silente de nuestra propia dignidad, encontramos la llave que nos abre las puertas hacia la verdadera esencia de la vida y nos permite vislumbrar la belleza etérea que yace en lo más profundo de nuestro ser.

Let's be careful out there 

lunes, 8 de abril de 2024

Cruzando el umbral de la gloria

No sé si bajo los adoquines habrá o no habrá playa,  lo cierto es que  sobre ellos encuentras, visto y no visto, a  Mathieu van der Poel. 


En el mundo del ciclismo, hay victorias que trascienden lo deportivo para convertirse en hechos históricos. Una de ellas fue la lograda por Mathieu van der Poel en la centésimo vigésima primera edición de la París-Roubaix disputada ayer entre Compiègne y el velódromo de Roubaix sobre un recorrido de 259 km de los que 55,7 estaban asentados sobre adoquines.
Per aspera ad astra",este antiguo proverbio latino, que significa "A través de las dificultades, hacia las estrellas", encapsula de manera poderosa la victoria del hombre que "desde temprana edad  supo amar la bicicleta con pasión desbordante" convirtiéndola en una extensión de su ser y en el vehículo que lo ha llevado  hacia la grandeza.  Con una sensación única de tocar el espacio con los ojos, el ciclista neerlandés ha decidido emplear su carrera profesional en la creación de obras maestras sobre ruedas, como un artista que modela nubes en el cielo trazando curvas perfectas sobre los adoquines 
Su pedaleo fluido y preciso es un espectáculo en sí mismo, una danza sobre la bicicleta que parece desafiar las leyes de la física. Para Mathieu van der Poel, los lugares se convierten en la geografía del espíritu, en escenarios donde el esfuerzo y el dolor se presentan como la puerta estrecha que conduce a la victoria. Así, su fulminante acelerón a 60 km de meta, dejó a sus rivales, todos ellos ciclistas de primera lìnea , sin respuesta, atónitos y desorientados, como si hubieran sido petrificados por la magnitud de su demostración de fuerza y destreza sobre la bicicleta, sumiéndolos en una  opacidad translùcida en  contraste con la claridad deslumbrante con la que Mathieu veía el camino hacia la victoria. El ciclista neerlandés desplegó un ataque poderoso y repentino decidido a  lanzarse en solitario  hacia el triunfo. Su acelerón fue como un rayo en un cielo despejado, un destello fugaz que iluminó el camino hacia la meta dejàndo  a sus rivales sumidos en la oscuridad de la impotencia, incapaces de seguir el ritmo impuesto por el héroe del día. Quienes eran de la partida, desconcertados y asombrados, se miraban entre sí, acomplejados e impotentes como delatores frete al cadalso. El poderío de van der Poel  era tal que parecía desafiar las leyes de la física, como si estuviera en sintonía con una fuerza superior que lo impulsaba hacia el velòdromo de Roubaix con una determinación inquebrantable.
De este modo, el acelerón del holandés se convirtió en el punto de inflexión de la carrera, en el momento en el que  comenzò a escribir su epopeya sobre los adoquines, mientras sus rivales contemplaban alelados  su estela de gloria mientras se alejaba hacia la victoria con paso firme y decidido.
En ese instante, en medio del polvo de los adoquines y el clamor de la multitud, Mathieu van der Poel demostró que en el ciclismo, como en la vida, a veces es necesario atreverse a desafiar los límites, a acelerar sin mirar atrás y a dejar a los demás sin respuesta ante la proeza de una gesta que sólo los valientes y los audaces son capaces de realizar.
Cada golpe de pedal, cada curva sobre el pavés centenario de la París-Roubaix, era una demostración de su increíble destreza y resistencia. En esos momentos de sufrimiento extremo, Van der Poel encontraba la fuerza para seguir adelante, alimentando su determinación con la promesa de la gloria final. No suna superficie cualquiera sino sobre esos adoquines que a lo largo de 17 sectores  representan un desafío único que pone a prueba la capacidad técnica y la resistencia de los ciclistas que se atreven a enfrentarlos. Estas antiguas piedras desgastadas por el tiempo y las inclemencias del clima no solo son un obstáculo físico, sino también un desafío mental que separa a los hombres de los muñecos.
Desde el punto de vista técnico, los adoquines de la París-Roubaix exigen una destreza extraordinaria por parte de los ciclistas. El pavé irregular y resbaladizo requiere una habilidad excepcional para mantener el equilibrio, elegir la trazada correcta y absorber las vibraciones que sacuden el cuerpo durante kilómetros interminables. Cada sector de adoquines es una prueba de fuego para la técnica del ciclista, que debe adaptarse constantemente a las condiciones cambiantes del terreno. La vibración constante y la dureza del terreno castigan el cuerpo de los ciclistas, exigiendo una resistencia sobrehumana para soportar el dolor y la fatiga que se acumulan con cada kilómetro recorrido. La París-Roubaix es una batalla de desgaste en la que cada golpe de pedal sobre los pavés es un acto de valentía en un campo de minas donde la capacidad técnica, la intuición, y la resistencia se fusionan en una danza épica,
Y así, con una determinación inquebrantable y un coraje a prueba de obstáculos, Van der Poel cruzó la línea de meta en la París-Roubaix, conquistando un triunfo que quedará grabado en la memoria de todos los aficionados al ciclismo. Su victoria no fue solo la de un día, fue la culminación de años de dedicación, sacrificio y pasión por un deporte que lo ha llevado a tocar las estrellas con las manos, a unas alturas cuyo oxígeno sólo respiran Sagan; Boonen o Cancellara.
Al igual que el explorador se aventura en lo salvaje en busca de nuevas fronteras, el tulipán corrió  desafiando sus propios límites físicos y mentales.
Con cada victoria, el ciclista neerlandés continua elevando su estatus en el mundo del ciclismo y ampliando su legado como uno de los grandes de la historia de este deporte. Y es que no tengo ninguna duda de que Mathieu Van der Poel seguirá haciendo más grande aún su legado, dejando una huella imborrable en el ciclismo y en el corazón de todos aquellos que amamos este deporte. Su historia está lejos de haber llegado a su fin; al contrario, cada nueva victoria será un nuevo capítulo en la epopeya de un campeón destinado a alcanzar las cimas más altas y a inspirar a todo aquel que sueñe con alcanzar la grandeza.

Let's be careful out there 

La soledad como espejo del Ser

Con la soledad ocurre lo siguiente:  cuanto más la disfrutas más te acercas a tu alma, más eres tú.
R. Ferreira, La sinrazón del testimonio


La soledad, ese estado de aislamiento voluntario o impuesto, ha sido a menudo malinterpretada como sinónimo de desolación o tristeza. No obstante, existe una dimensión más profunda en su núcleo, una que se descubre solo cuando uno se sumerge voluntariamente en sus aguas tranquilas. "Con la soledad ocurre que cuanto más la disfrutas, más eres tú", es una frase que invita a una reflexión sobre la relación entre el ser y el estar solo, sobre la esencia de nuestra propia identidad y cómo esta se manifiesta cuando estamos despojados de la mirada del otro.

La soledad es el escenario donde el yo se encuentra cara a cara consigo mismo, sin máscaras ni disfraces. Es el espacio sagrado de introspección donde el individuo puede escuchar el susurro de su propia voz interior, una voz a menudo ahogada por el bullicio de la multitud. En la soledad, el espejo del alma refleja la imagen más pura de nuestro ser, libre de las expectativas y juicios ajenos. Aquí, en la intimidad del silencio, el yo se desnuda, se examina, se cuestiona y, a veces, se redescubre.
El disfrute de la soledad, por tanto, no es un acto de egoísmo o un rechazo al mundo exterior, sino una celebración de la existencia propia. Es un ejercicio de autonomía donde se reconoce que estar solo no equivale a una falta, sino a una plenitud de ser. En la soledad, uno puede ser el arquitecto de sus pensamientos, el pintor de sus sueños y el escritor de su propio destino. La soledad es el laboratorio del filósofo, el taller del artista y el santuario del místico.

Cuanto más se disfruta la soledad, más se afila la conciencia de uno mismo. En este disfrute, se revela una paradoja: aunque la soledad implica una separación física, es precisamente a través de ella que uno puede alcanzar una conexión más profunda con la humanidad. Al comprenderse a sí mismo, el individuo puede comprender mejor a los demás. La empatía nace de la comprensión profunda de nuestras propias alegrías y sufrimientos, y esta comprensión se cultiva en los momentos de soledad reflexiva.

No obstante, la soledad puede ser también una pesada carga para aquellos que no han aprendido a disfrutarla. Para estos, el silencio se convierte en ruido, la paz en inquietud, y la compañía de uno mismo en la más intolerable de las presencias. A menudo es en la soledad donde el ser humano se enfrenta a sus miedos más profundos, sus inseguridades y sus dudas existenciales. Es un fuego que purifica o consume, dependiendo de la disposición del espíritu que en ella se sumerge.

La soledad, entonces, es como un río cuyas aguas pueden llevar al ser humano a la serenidad de la aceptación propia o a las turbulentas corrientes del desasosiego. Pero para aquellos que practican el arte de estar solos, que encuentran deleite en la quietud y la reflexión, la soledad se transforma en un fiel compañero de viaje, un guía hacia la autenticidad y la autorrealización.

En última instancia, la soledad nos enseña que ser plenamente uno mismo es el más grande y valioso de los logros. En su regazo, aprendemos que la libertad más verdadera es aquella que nos permite ser quienes somos, sin artificios ni pretensiones. La soledad, disfrutada y comprendida, es un camino hacia la autenticidad, donde el yo se afirma y se celebra en su forma más verdadera y sin adulterar.

Por lo tanto, abrazar la soledad no es huir de la vida, sino sumergirse en la esencia misma de la existencia. Es en el silencio donde las preguntas más sinceras se formulan y donde las respuestas más honestas pueden ser halladas. La soledad es el lienzo en blanco de la existencia, y disfrutarla es pintar en él el retrato más fiel del alma.

Let's be careful out there 


martes, 2 de abril de 2024

Un tornado holandés azota Flandes

El color de la montaña respira el único  cáliz  profundo de una flor de enredadera
Buson

En cierto modo el campo del vacío carece de" límites". Dentro y fuera se complementan. Frío en los ojos, frío en las orejas: exactamente así es como debieron sentirse todos los rivales de Mathieu van der Poel cuando con su ataque seco en el Koppenberg los abandonó en la región de lo monocromo, es decir en el vacío. Y es que en la mañana del pasado domingo, cuando el sol aún brillaba en Flandes,  Mathieu Van der Poel tenía un aspecto impecable fundado en su maillot arco iris. Cada aspecto de su puesta a punto estaba pulida: su bicicleta reluciente, su mono perfectamente ajustado, las monturas de sus gafas Oakley brillando a la luz. Los ojos de todos aquellos que amamos los "cinco monumentos" del  ciclismo estaban puestos en él. Ningun ciclista en activo salvo Pogačar podría soportar la inmensa presión a la que se vio sometido el corredor holandés como único favorito para ganar en la presente edición de Flandes, pero el centro de atención, al parecer, es donde Van der Poel prospera.
Así, cuando finalmente realizó su esperado movimiento ganador en el Koppenberg a mitad de la carrera, mientras otros tropezaban y vacilaban detrás, el rostro del campeón del mundo apenas registró una mueca. Puede que en ese momento su maillot estuviera manchado del barro depositado en las cunetas y entre el resbaladizo empedrado de las carreteras belgas, pero la sutileza y el estilo de Van der Poel trocaron el barro en oro. Sobre la bicicleta estaba a otro nivel: una vez que hacía un hueco, su lenguaje corporal y su estilo decidido te decían que iba a ganar la carrera. De manera inexorable, los segundos entre él y el grupo perseguidor no hicieron más que aumentar. Van der Poel era el más fuerte y nadie podía hacer nada para detenerle. La parte exterior del pelotón fue durante el transcurso de la carrera un halo lmpreciso, un vago rumor hundido en la espesura movediza, inagotable del paisaje flamenco en el que el campeón del mundo dio fe de la existencia cierta de una singularidad.
"Es el campeón del mundo, la forma en que ha corrido ha sido impresionante, ha estado intratable, creo que todo el mundo ha intentado hoy encontrar la forma de batirle, pero ha sido imposible", comentó tras la carrera el tercer clasificado en el Tour de Flandes, Nils Politt, encogiéndose de hombros. 
Es cierto que corredores como Van der Poel y Pogačar han creado una categoría totalmente nueva para ellos en el pelotón: aquella que trata, no de repartidores de estampitas, y la defensa de pamplinas igualitarias y ecológicas, sino de  supertalentos totalmente imparables. Para quienes se enfrentan a ellos, mantener la esperanza de que las victorias aún son posibles contra esta generación de espadachines consumados y atacantes natos puede ser todo un reto. Magnus Sheffield, del Ineos Grenadiers, explicó cómo intenta mantener las cosas en perspectiva. "Crecí corriendo ciclocross y Van der Poel era un gran ídolo para mí, pero tengo que recordarme a mí mismo que todo el mundo es humano al fin y al cabo, todos hacemos lo mismo, aunque hay tipos a los que  como Van der Poel, Van Aert, y Pogačar" llamas extraterrestres, comentó Sheffield. 
Una vez que hubo cruzado la línea de meta y levantado su bicicleta en el aire como celebración de la victoria tras su  nueva gesta en la Ronde van Vlaanderen, Van der Poel llevó a la rueda de prensa posterior a la carrera la  misma gallardía  que había mostrado al comienzo de la misma. Después del espectáculo que acababa de dar, ¿quién podía negarle cierto alarde, una mínima jactancia ?
Cuando los periodistas le preguntaron qué le habían parecido los abucheos de los aficionados en algunas de las subidas cruciales, Van der Poel se limitó a responder: "Estaba ocupado con ganar la carrera, así que no podía importarme menos, para ser sincero".
El campeón del mundo admitió que ni siquiera había hecho un mínimo reconocimiento de los" parcours" de Flandes porque "los conoce muy bien" y ya había afrontado el Koppenberg antes en ciclocross, lo que era suficiente para saber qué esperar. Incluso conociendo las carreteras, hay pocos corredores que confiarían en sí mismos para ganar Flandes sin ni siquiera comprobar el recorrido unos días antes. "Es algo con lo que nunca podría haber soñado, ganar la Ronde como campeón del mundo, eso es algo especial. Es mi carrera favorita del año, me enamoré de ella la primera vez que la hice y es quizá la carrera que más se adapta a mí, con todas las subidas adoquinadas que se suceden con bastante rapidez" declaró tras la victoria  el gigante holandés 
Se pueden analizar las tácticas al máximo, se puede volver a ver la carrera una y otra vez, pero, como admiten abiertamente sus rivales, Mathieu van der Poel está por encima del resto cuando corre en Flandes. Ya ha ganado tres veces De Ronde, y pocos apostarían en contra de que aún queden más por venir en la carrera del corredor holandés. El ciclismo de Mathieu es como el mundo de Dostoievski: una sociedad bajo un tornado de ideas, como un sembrado bajo un tornado de granizo.

Let's be careful out there